Cadete
José Virgilio Uribe Robles
(1896-1914)
José Virgilio Uribe Robles vio por primera vez la luz el 28 de mayo de 1896, en la casa No. 7 de la calle del Apartado en la colonia Centro de la Ciudad de México. Fue hijo de don Élfego Uribe y doña Soledad Robles. Por referencia de una fotografía familiar se puede decir que fue el segundo
hijo entre tres hermanos (un varón mayor y una pequeña niña).
Es poco lo que se sabe de la vida de este héroe de la Armada de México, por la falta de documentación debido al poco tiempo de servicio prestado, ni siquiera es posible saber qué
significa la “C” que al parecer perteneció a su tercer nombre según se asentó en el documento de su media filiación. Lo que sí se sabe es que su infancia y juventud se desarrollaron en medio de los acontecimientos provocados por la crisis del porfiriato en México.
El año en el que nació el pequeño Virgilio coincidió con la tercera reelección del General Porfirio Díaz, que resultaba la cuarta vez que ocupaba la Presidencia de la República. Aunque el porfiriato le dio a México una fisonomía moderna, sobre todo por el adelanto económico y cultural vivido, por otro lado, la inmensa mayoría que constituía el pueblo mexicano se encontraba en condiciones deplorables. Esta situación se agudizó todavía más a principios del siglo XX, y tanto malestar dio paso a una fuerte oposición que hizo tambalear al agonizante gobierno del presidente octogenario.
El pequeño Virgilio pasó toda su niñez en la Ciudad de México. Realizó sus primeros estudios en la Escuela Nacional Primaria Comercial “Doctor Mora”. Casi dos años habían pasado de que el movimiento revolucionario derrocara al dictador Díaz y encumbrara en el poder a Francisco I. Madero González a través de un proceso electoral que puede juzgarse como el más democrático de la historia de México, cuando Virgilio Uribe, con 16 años de edad, hizo público su interés por estudiar la carrera de Oficial de Guerra de la Armada Nacional en la Escuela Naval Militar.
Seguro de la decisión que tomaba, dirigió la solicitud de ingreso al General Ángel García Peña, quien fungía como Secretario de Guerra y Marina. La respuesta de aceptación, que iba firmada por el General Felipe Ángeles, la recibió el 17 de julio de 1912 y con ella causó alta en la Escuela Naval Militar el 1 de septiembre del mismo año. Su vida se entrelazaba con la de otros jóvenes como Luis Felipe José Azueta Abad, hijo del Comodoro Manuel Azueta Perillos, ninguno sabía que el destino les deparaba un final heroico.
El Cadete Uribe fue un joven sano, pero de complexión débil; en el examen médico de ingreso presentó una aguda disminución visual en el ojo derecho, lo que por cierto no fue obstáculo para ser admitido en la Escuela Naval Militar. En su corta estancia en el plantel naval demostró amplio interés y dedicación, obteniendo calificaciones satisfactorias en todas sus materias. Se distinguió por tener siempre una buena conducta y un excelente aprovechamiento en sus clases.
Recién había ingresado a la Escuela Naval, cuando le tocó presenciar la insurrección del General Félix Díaz, sobrino del ex presidente, quien en Veracruz se levantó en armas en contra del gobierno maderista, tratando de convencer al Ejército Federal para que se uniera a su rebelión. En la Escuela Naval Militar se intentó izar la bandera de la Cruz Roja en señal de neutralidad, pero José Azueta se opuso rotundamente y exigió al Director del plantel, Capitán de Fragata José Servín, que se izara la bandera de la Escuela Naval, como símbolo de que los cadetes estaban dispuestos a combatir por el honor de la escuela y la legalidad de las instituciones. Los alumnos recibieron indicaciones del Capitán Servín para guardar el orden; pero los jóvenes cadetes le manifestaron su inconformidad, porque deseaban defender el gobierno legalmente constituido de Francisco I. Madero. El General Félix Díaz tuvo conocimiento de la actitud de los cadetes y en apoyo a su determinación envió una carta al Director Servín, expresándole “que como hijo que era del Colegio Militar, jamás podría atacar al plantel que considera hermano suyo”.1
Era la primera vez que los cadetes asumían una actitud valiente y patriota ante los acontecimientos por los que atravesaba el país. Sin embargo, la mayor muestra de valor y heroicidad estarían a punto de darla aquellos jóvenes que estudiaban la carrera de las armas en la Escuela Naval Militar. Al iniciar el año de 1913, la oposición al gobierno de Madero se hizo cada vez más fuerte. El General Victoriano Huerta encabezó el golpe de estado en contra del Presidente Madero, a quien obligó a renunciar, para posteriormente ordenar su asesinato junto con el Vicepresidente José María Pino Suárez. Mediante una hábil manipulación de la Constitución Mexicana, Huerta fue nombrado Presidente Interino de México. Ante estas arbitrariedades, los grupos revolucionarios se reorganizaron ejerciendo una fuerte presión al gobierno usurpador, sobresaliendo entre ellos el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza Garza, quien se pronunció en contra de Huerta a través del Plan de Guadalupe, que legitimaba la Constitución de 1857 (muy mancillada, pero vigente en esa época), desconocía la presidencia de Huerta y otorgaba a Carranza el carácter de Presidente Interino de la República y Primer Jefe del Ejército Constitucionalista.
Los enfrentamientos entre el ejército constitucionalista y el federal fueron constantes. Ante estos acontecimientos, el gobierno de Estados Unidos adoptó una postura de “espera vigilante”, fondeando sus barcos en aguas mexicanas, bajo el pretexto de que únicamente defenderían los intereses de los ciudadanos norteamericanos que vivían en México. La intrusión de los Estados Unidos en asuntos mexicanos se hizo mayor, porque Victoriano Huerta entabló negociaciones con países europeos, no sólo para atraer la inversión a México, sino también para la adquisición de armamento. Con el relevo presidencial en el vecino país del norte, las elecciones fueron ganadas por el demócrata Woodrow Wilson, quien al ocupar la silla presidencial se negó a otorgar el reconocimiento al gobierno de Huerta. Veía con recelo la posición que el Presidente mexicano tenía por las importantes relaciones que había establecido con algunas potencias europeas, cosa que no convenía a los intereses norteamericanos.
El gobierno de Wilson, sabiendo que llegaría al puerto de Veracruz un cargamento de armas por parte de Alemania, aprovechó la situación tomando como pretexto un acontecimiento ocurrido el 9 de abril de 1914: en Tampico se llevó a cabo la aprehensión de ocho tripulantes del barco norteamericano Dolphin, que habían bajado a tierra para abastecerse de gasolina. Aunque de inmediato fueron liberados, el escándalo generado por las autoridades del barco fue tal, que hasta exigieron al gobierno mexicano una satisfacción por lo ocurrido, pidiendo que se izara la bandera de los Estados Unidos y un saludo de 21 salvas. Victoriano Huerta no accedió a estas reclamaciones y al no llegarse a acuerdo alguno, el día 21 de abril a las 11:20 horas, sin declaración previa de guerra, las tropas norteamericanas bajo el mando del Almirante Fletcher desembarcaron en el puerto de Veracruz y de inmediato se apoderaron de los edificios administrativos más importantes del lugar.
Ante la ausencia del General Gustavo A. Maass, Comandante de la plaza veracruzana, el Comodoro Manuel Azueta Perillos se convertía en la autoridad de mayor grado militar. Esto le hizo asumir la responsabilidad que implicaban las circunstancias y se dirigió a la Escuela Naval Militar para organizar a los alumnos en la defensa de la soberanía nacional, que estaba siendo mancillada por el invasor yanqui.
Al llegar, se puso de acuerdo con el Director del plantel, Rafael Carrión, para armar a los alumnos, a la marinería y a la servidumbre, para hacer frente al enemigo. El Comodoro Azueta arengó a oficiales, cadetes y personal de la escuela gritando: ¡Viva México!, ¡Viva México!, ¡Viva México! y los cadetes coreando le contestaron de la misma forma; entonces el Comodoro expresó: ¡A las armas muchachos, la patria está en peligro!3 Tiempo después se presentaron el Capitán de Navío Aurelio Aguilar y el Teniente Mayor Modesto Sáenz, y juntos planearon el resguardo de la institución y procedieron a poner pequeñas defensas en los balcones, y se practicaron aspilleras en la planta baja del plantel.4
El Cadete José Virgilio Uribe, junto con otros alumnos, se colocó en los balcones de la institución para repeler el ataque. Al lado de él se hallaban el Comodoro Manuel Azueta y el Teniente Mayor Modesto Sáenz, junto con un grupo de cadetes que comenzaron a disparar en contra de los 1,500 infantes norteamericanos que trataban de desembarcar una batería de ametralladoras en el malecón y los obligaron a retornar nuevamente a su transporte; pero resultó contraproducente, porque el Praire disparó con su avanzada artillería en contra de la Escuela Naval Militar, además de que otro contingente de marinos yanquis les disparaba desde el muelle fiscal del puerto. Sin embargo, los alumnos lograron resistir las balas del enemigo.5 Las tropas norteamericanas continuaron su avance sobre las calles del puerto, pero no contaron con que, en la Escuela Naval, un grupo de cadetes los recibirían con la furia de las armas.
El Cadete Uribe disparaba desde uno de los balcones del plantel, pero se agotaron sus balas; en ese momento intentó cargar nuevamente el arma que estaba utilizando, cuando de manera repentina una bala enemiga lo impactó en la parte superior del hueso maxilar derecho (pómulo) y salió por la parte parietal izquierdo (parte superior de la cabeza), provocándole fractura conminuta de la bóveda del cráneo.6 Inmediatamente cayó al suelo mortalmente herido. El Cadete Carlos Menéndez, que se encontraba al lado de Virgilio, de manera rápida se dirigió hacia él para sostenerlo. El Comodoro Azueta y el Teniente Mayor Modesto Sáenz auxiliaron también al joven Cadete, manchando sus impecables uniformes con la sangre que brotaba de su cabeza. Lo tomaron de los brazos y lo trasladaron al dormitorio de la 2ª brigada. La sangre de José Virgilio Uribe Robles comenzó a brotar en abundancia, bautizando con gloria los corredores de la escuela.7
Virgilio fue recostado en la cama con el número 98 que utilizaba el alumno Enrique Hurtado de Mendoza y la número 100 de Fernando Escudero; los primeros auxilios los recibió del Practicante de Segunda Luis Moya. Aproximadamente a las cinco de la tarde de ese fatal día, el fuego enemigo se interrumpió, lo que fue aprovechado para que dos elementos de la Cruz Roja trasladaran a Virgilio rumbo al Hospital de San Sebastián. Consta en el acta de defunción que el joven patriota murió a las 17:30 horas, a consecuencia de las heridas producidas.
Alrededor de las siete de la noche del día 21, sigilosamente oficiales, catedráticos y personal de la Escuela Naval salieron con rumbo a la población de Tejería para reunirse con las fuerzas del General Gustavo A. Maass, que ahí se encontraba.
De ahí recibieron la orden de trasladarse a la Ciudad de México, porque el Vicealmirante Tomás Othón Pompeyo Blanco Núñez de Cáceres, a la sazón Jefe del Departamento de Marina, había gestionado con el Presidente Huerta la conveniencia de que los cadetes se albergaran en el Colegio Militar, para que ahí pudieran continuar sus estudios. Al llegar el tren en donde venían los heroicos alumnos ya había un conjunto de personas concentradas en la estación del ferrocarril, que los esperaba para darles un caluroso recibimiento.8
Entre la misma gente que esperaba el arribo de los alumnos de la Escuela Naval Militar se encontraba el señor Élfego Uribe junto con su esposa Soledad Robles, que ansiosos esperaban al Comodoro Azueta. En cuanto lo vieron, éste fue interceptado por el padre del Cadete Uribe, quien inmediatamente le preguntó si traía algún recuerdo de su hijo. El Comodoro, en un acto humano, le mostró una mancha de sangre que se había impregnado en su chaquetín; don Élfego se inclinó llorando y besó varias veces la sangre de su hijo, y con sentimiento exclamó: ¡Murió por su patria!9
Al Vicealmirante Othón P. Blanco le llegaron los partes correspondientes del Capitán Rafael Carrión y del Comodoro Azueta sobre los acontecimientos ocurridos aquel 21 de abril. Transcribió íntegramente el de este último y, el día 29 de abril de 1914, lo envió al Secretario de Guerra y Marina, General Aureliano Blanquet, para que se pudiera estudiar la propuesta de otorgar, en nombre de la patria, un premio extraordinario a los alumnos de la Escuela Naval Militar, por el valor y patriotismo heroico que demostraron al combatir contra las fuerzas invasoras, emulando estos hechos con los que en 1847 realizaron los Cadetes del Colegio Militar. En este mismo escrito propuso que se expidieran tres condecoraciones de oro, plata y bronce, para premiar a los alumnos de la Escuela Naval y al personal de la Armada, sugiriendo que al heroico alumno Virgilio Uribe, que murió en defensa de la soberanía nacional, se le ascendiera a Teniente de la Armada y que además figurara con este empleo y con anotación en el primer lugar del Escalafón General de la Armada, siguiendo el mismo procedimiento dispuesto para los alumnos del Colegio Militar. Pidió que se le concediera una Condecoración de oro, que una comisión entregaría a sus deudos. Así mismo, que se le realizaran merecidos honores póstumos y un retrato al óleo, para colocarlo en la sala de actos de la Escuela Naval Militar. Por último, informó al Secretario de Guerra y Marina que giraría instrucciones al Director de la Escuela Naval para que el alumno Virgilio Uribe encabezara, en lo sucesivo, las listas de revista del establecimiento, con la anotación de “haber sucumbido en defensa de la Patria en Veracruz, combatiendo contra los invasores norteamericanos”.10
Ante los embates de la Revolución Mexicana, la Escuela Naval Militar no pudo continuar funcionando, fue reabierta bajo el nombre de Academia Naval hasta su inauguración en febrero de 1919 y el nombre de José Virgilio Uribe encabezó las listas de dicha institución.11
En abril de 1952 sus restos fueron exhumados de un monumento pequeño erigido en el traspatio del hospital Aquiles Serdán, para ser trasladados al monumento que se erigió en honor a los héroes de 1847 y 1914 (Primera y Segunda Intervención Norteamericana respectivamente), en la confluencia entre las calles 16 de septiembre y Arista. Posteriormente fueron exhumados con la finalidad de verificar y confirmar su identidad, estudio que realizó el Instituto de Medicina Forense de Veracruz, para después trasladarlos al nuevo monumento: el hemiciclo a los Héroes del 21 de abril, que se construyó a un costado de la torre de PEMEX, en el paseo del malecón, a donde actualmente reposan también los restos del Comodoro Manuel Azueta Perillos y de su hijo, el Teniente de Artillería Luis Felipe José Azueta Abad.
FUENTES CONSULTADAS
Documentales
• Archivo General de la Secretaría de Marina-Armada
de México.
• Archivo Histórico de la Secretaría de la Defensa Nacional.
Bibliográficas
• Almirante Tomás Othón Pompeyo Blanco Núñez de Cáceres. Ensayo Biográfico, México, Secretaría de Marina-Instituto de Estudios Históricos de las Revoluciones
de México, 2009.
• BENJAMÍN, Thomas. La Revolución Mexicana. Memoria, Mito e Historia, México, Editorial Taurus, 2003.
• BETHELL, Leslie. Historia de América Latina, México, América Central y el Caribe, 1870-1930, Barcelona, Editorial Crítica.
• BONILLA, Juan de Dios. Historia Marítima de México, México, Editorial Litorales, 1963.
• CÁRDENAS de la Peña, Enrique. Educación Naval en México, Vol. 1, México, Secretaría de Marina, 1967.
Cien años de Historia. Heroica Escuela Naval Militar 1897-1997, México, Secretaría de Marina, Editorial Gustavo Casasola, 1997.
• Comodoro Manuel Azueta Perillos. Ensayo Biográfico, México Secretaría de Marina-Instituto de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, 2009.
• GARCÍA Arroyo, Raziel. La Heroica Escuela Naval Militar, la acción del 21 de abril de 1914, México, Asociación de la H. Escuela Naval Militar, 1961.
• KATZ, Friedrich. De Díaz a Madero. Orígenes y Estallido de la Revolución Mexicana, México, Ediciones Era, 2004.
• LAVALLE Argudín, Mario. La Armada en el México Independiente, México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, Secretaría de Marina, 1985.
• PASQUEL, Leonardo. Manuel y José Azueta -Padre e Hijo- Héroes en la Gesta de 1914, México, Editorial Citlaltepetl, 1967.
Hemerográficas
• El Dictamen.
• El Imparcial.
• La Patria, Diario de México.
• Veracruz, Diario Independiente.
• Revista General de Marina, México, Secretaría de Marina, abril de 1971, Época III, Vol. 1, Núm. 15.
• Revista Secretaría de Marina, Mayo-Junio de 2001,
Época IX / Núm. 145.
[1] Leonardo Pasquel, Manuel y José Azueta -Padre e Hijo- Héroes en la Gesta de 1914, México, Editorial Citlaltépetl, 1967, p. 94.
[2] Berta Ulloa, “La lucha armada”, en Historia General de México, México, El Colegio de México, 2000, pp. 779-780.
[3] Comodoro Manuel Azueta Perillos. Ensayo Biográfico, México, Secretaría de Marina-Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, 2009, p. 60.
[4] Parte del Capitán de Fragata Rafael Carrión, 22 de abril de 1914. Ídem, p. 102.
[5] Revista de la Secretaría de Marina-Armada de México, 2001, Época IX/No. 145, p. 42
[6] “Peritaje para establecer la identidad de los restos óseos de Virgilio C. Uribe Robles”, Instituto de Medicina Forense de la Universidad Veracruzana, 20 de marzo de 1991. Archivo General de la Secretaría de Marina-Armada de México.
[7] Raziel García Arroyo, La Heroica Escuela Naval Militar, la acción del 21 de abril de 1914, México, Asociación de la H. Escuela Naval Militar, 1961, p. 90.
[8] El Imparcial, lunes 27 de abril de 1914.
[9] Ibídem.
[10] Ibídem.
[11] Mario Lavalle Argudín, La Armada en el México Independiente, México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, Secretaría de Marina, 1985, p. 391.

Comunicado de Prensa: